Cómo odio que me despierten cuando estoy más frita que Blancanieves cuando mordió la manzana. En esos momentos en los que vas a alcanzar la fase REM del sueño, cuando más a agusto estás, va tu compañera de habitación y enciende todas las luces. ¡Ala! Eso sí, primero haciendo un ruido impresionante al abrir la puerta, que vamos no se qué misterio tiene abrir una puerta. Me despierto pero no abro los ojos. Voy a intentar dormirme otra vez. Viene con alguien, un chico. Se ponen a hablar. (Espero que no sea su venganza por despertarla todas las mañanas y encender todas las luces cuando me pongo a estudiar. Eh, que por lo menos yo soy respetuosa y no enciendo la de arriba. Eso sí, el despertador despierta hasta a mis vecinos). Hablan:
- ¿Tu compañera no sale?
- Es que está de exámenes.
- Ah.
Es lo que oigo. Y me da una rabia. Pero no por ellos, sino por mí. ¡Estoy de examenes y no estoy estudiando! Cuando ellos llegaron yo debería estar estudiando, porque llegaron a la una o así. ¡Duermo demasiado! Debería dormir 5 horas, como hacía antes. Lo malo es que antes no tenía un mes entero de examenes, y claro, el ritmo de dormir 5 horas al día y sin siesta, a base de cafés y tés (sobre todo tés, aunque hay algunos que no me gustan, saben como a fregasuelos, no digo que yo haya probado el fregasuelos, pero el olor del té verde con limón que me compré, huele igual que la mierda que hecha en el suelo la de la limpieza, que te deja intoxicado varios días), pues eso, que ese ritmo no lo aguanta nadie, yo no por lo menos.
Cuando acaben los exámenes me iré a casa. No tengo ganas de salir de fiesta, me he vuelto una sosa. Quizá es porque se ha ido Marta, me antigua compañera, con ella era muy divertido salir. O con mis amigas. Porque a la hora de salir nos parecemos.
PD: ahora tengo intriga de quién sería el tío ese que vino.
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